Capítulo 23. Duras confesiones.
No pudieron esperar a estar dentro de la cabaña para comenzar a besarse. Mike abrió la puerta con ayuda de sus instintos, ya que no veía. Estaba dominado por la pasión, con su lengua muy dentro de la boca de ella y sus brazos abrigándola como si no quisieran dejarla ir nunca.
Con lentitud, y con ayuda de su memoria porque nunca dejaron de devorarse, llegaron a la habitación de Alyssa. Entraron sin encender la luz, la claridad natural de la luna que entraba por la rendija que dejaba la cortina l