Jojo Kay
Nova, 22 años, es la chica tranquila de beca, siempre con su cárdigan y su aire inocente. Pero detrás de esa fachada se esconde una virgen con una imaginación sucia y una obsesión peligrosa por los hombres mayores y dominantes.
Durante una noche salvaje en un club con sus dos mejores amigas —ambas ricas y sin límites— Nova pierde un juego brutal de verdad o reto. Su castigo: hacerle una mamada a un desconocido en el club. Sin ver su cara. Sin saber su nombre. Solo labios, lengua y rendición total.
Termina en la sección VIP, de rodillas ante un hombre de cabello plateado que le agarra el pelo y se corre en su garganta como si llevara años hambriento. Antes de escapar, sus últimas palabras le queman el oído:
“La próxima vez que te vea, no te voy a dejar ir.”
Al día siguiente, Nova llega a la mansión de su mejor amiga Lena para el brunch de cumpleaños de su padre — 45 años, exitoso, intocable. Como huérfana sin dinero ni hogar en la ciudad, vivirá allí durante sus seis meses de pasantía.
Cuando entra al comedor y sus ojos se cruzan con los del hombre en la cabecera de la mesa… el corazón se le detiene.
Es él.
El padre de su mejor amiga.
El hombre que tuvo en su boca apenas unas horas atrás.
Y la forma en que la mira dice que recuerda cada segundo.