PUNTO DE VISTA DE EMILIA—No te lo volveré a preguntar, Emilia. ¿De quién es el hijo que llevas en el vientre? —Lo oí preguntar de nuevo con voz agitada, sosteniendo el informe de embarazo en sus manos. La vena de su frente se le hinchó, lo que me hizo hervir de miedo ante lo que pudiera hacer.—Es… es tuyo —balbuceé, con la voz temblorosa. Entonces oí una risa grave y asesina, y mis piernas cedieron al instante, haciéndome caer al suelo.—¿Esperas que me crea eso? —se acercó, dominándome con su estatura—. Nunca te he puesto las manos encima, ni te he considerado digna de mis deseos, pero dices que ese niño es mío. —Abrí los ojos de par en par mientras lo miraba, desesperanzada. De verdad que no lo recuerda.—Por favor, tienes que creerme —supliqué, con lágrimas que me quemaban el rostro.—Como no me das un nombre, no me dejas otra opción. Se me paró el corazón al ver a los guardaespaldas acercarse.“¿Qué están haciendo?... Suéltenme.” Dos guardaespaldas me sujetaron por los costados
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