Nina miró alrededor, despacio, como si estuviera ubicándose. Le dolían la cabeza y las manos, y el ruido sordo del auto moviéndose le producía un aturdimiento extraño, pero no suficiente como para que no supiera lo que acababa de pasar. Subió los ojos y los clavó en Yuri, que tenía una sonrisa sati
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