El trayecto hasta el lugar de la cena transcurrió en un silencio extraño.No era incómodo.Era simplemente demasiado silencioso para mi gusto.Lorenzo permanecía a mi lado en el asiento trasero del automóvil, vestido con un impecable traje negro que hacía que pareciera todavía más intimidante de lo habitual.Yo, en cambio, no podía dejar de mirar mis manos.Estaba nerviosa.Mucho más de lo que quería admitir.—Deja de hacer eso.Levanto la mirada.—¿Hacer qué?—Mirar tus manos cada cinco segundos.—No estoy haciendo eso.Una sonrisa ladeada aparece en su rostro.—Lo acabas de hacer.Ruedo los ojos y vuelvo a mirar por la ventana.—Estoy nerviosa.—No tienes motivos para estarlo.—Eso dijiste antes.—Y sigo pensando lo mismo.El automóvil comienza a reducir la velocidad hasta detenerse frente al enorme edificio donde se celebraría la cena.A través de la ventana puedo ver decenas de personas y, para mi desgracia, también cámaras.Mi estómago se revuelve.—Lorenzo...Él gira hacia mí.—
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