SeisMe habría impresionado si no estuviera aterrorizado por su vida.Entró vestida únicamente con un largo camisón de seda y una bata fina que le caía descuidadamente sobre los hombros; tenía el cabello húmedo enrollado en una toalla, como si acabara de salir de la regadera.Marco le había ordenado explícitamente que se vistiera elegante, y ella había hecho exactamente lo contrario, de manera deliberada y desafiante.Lo había hecho esperar, había hecho esperar a todos esos hombres peligrosos, y luego entró con aire despreocupado vistiendo lo que equivalía a lencería.Los hombres alrededor de la mesa intercambiaron sonrisas cómplices. El rostro de Marco se ensombreció con una rabia que podía sentir irradiando por toda la sala.—¡Arabella! —rugió, levantándose de un salto, mientras su silla rozaba violentamente el piso.—Sí, Marco.Su voz era como agua fría sobre piedras calientes, firme, imperturbable, como si fuera completamente ajena a la furia asesina en sus ojos o a la manada de d
Leer más