Cuando Selena salió al exterior, vio a su padre, el duque Cedric, de pie frente a la mansión con su madrastra a su lado. No muy lejos, un gran carruaje la esperaba. Estaba bellamente decorado, con varios guardias a su alrededor, listos para escoltarla al Reino de Lunaris.En el momento en que el duque Cedric vio a Selena, la miró con nada más que frialdad. Ni siquiera había la más mínima preocupación en su rostro, a pesar de que estaba enviando a su propia hija a casarse con el temido Rey Licántropo. Su expresión permaneció impasible, como si la persona que tenía delante fuera una extraña.—Súbete al carruaje —dijo simplemente.Selena escuchó sus palabras, pero no se molestó en mirarlo. Por un breve instante quiso suplicarle que no la enviara. Quiso pedirle que cambiara de opinión, con la esperanza de que, en algún lugar profundo de su interior, todavía se preocupara por ella.Pero esas palabras nunca salieron de su boca.Se las tragó.Sabía que solo sería una pérdida de tiempo.El du
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