VICENT: Aquella casa se convirtió en un campo de guerra. Voces superponiéndose, ofensas mezcladas con verdades y miradas cargadas de rencor. Cuando Laura salió, algo dentro de mí se rompió. La vi derrumbarse en silencio, como si se tragara su propio dolor para no desmoronarse delante de todos. Conozco esa mirada. Y por un segundo, me odié a mí mismo por meter a mi familia en el mismo ciclo podrido que intenté enterrar años atrás. — Landon, vuelve aquí — mi voz sonó más dura de lo que pretendía. Él dudó, pero volvió. — ¡Y tú también! — completé, mirando a Laura. Pero ella ya no era aquella chica discreta. Sus ojos estaban secos, fríos. Y su silencio gritaba. Cuando entramos de nuevo, Zaya ya estaba en medio del salón, vociferando, y Vicenzo, claro, destilando veneno. — ¡Respeta a mi hija, idiota! — gritó ella, con el dedo apuntando. — ¿Respetar? — Vicenzo se rió, burlón. — Siempre quisiste entrar en esta familia. El golpe no funcionó con nosotros, ¿y entonces te fuiste a por mi
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