NATALY El odio era lo único que me mantenía viva, pero la boca de Gabriel era el fuego que consumía cualquier intento de resistencia. Sentir la textura rugosa de sus dedos explorándome con un dominio helado y preciso me hacía odiarme más a mí misma que a él.—Eres un demonio… —logré articular, hincando las uñas en sus antebrazos musculosos mientras el roce de su pulgar arrancaba chispas eléctricas que me quemaban las entrañas.—Y tú eres mi prisionera más codiciosa —respondió Gabriel.Se inclinó sobre mí, atrapando mi labio inferior entre sus dientes en un mordisco castigador que me hizo jadear. Aprovechó ese instante de debilidad para alinearse y hundirse en mí de un solo golpe, profundo, seco, arrebatándome el aire y la cordura.Un grito agudo se me escapó contra su cuello. La sensación de plenitud era tan abrumadora que el dolor inicial se transformó en una corriente de placer salvaje. Mis muslos se cerraron alrededor de su cintura por puro instinto, acorralándolo, exigiendo más d
Leer más