—Doctor Lucky, ¿no necesito que me pongan la vacuna antirrábica?El Doctor Lucky, que estaba recogiendo su maletín de médico, dejó de moverse de inmediato. Sus ojos se abrieron como platos, mirando a Windy, durante un segundo entero. Luego, se giró hacia Davin. Y entonces, no pudo contenerse más.—¡JA, JA, JA, JA!La risa del Doctor Lucky estalló, con mucha fuerza, en aquel majestuoso comedor. Se rió, hasta que su cuerpo se dobló y sus ojos se le llenaron de lágrimas. Se sujetó el estómago, que le dolía, de tanto reírse.—¡La vacuna antirrábica! ¡JA, JA, JA! ¡Señorita Windy, usted es realmente extraordinaria! ¡JA, JA, JA!El Doctor Lucky se reía, sin dejar de mirar a Davin, que estaba de pie, con una expresión que se transformó de inmediato en una muy oscura. La i
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