La puerta de la alcoba se abrió y Angélica entró con un semblante relajado, denotando un cansancio pleno que Catalina reconoció al instante. La anciana la miró desde el tocador, acomodándose la bata. —¿Con quién estabas, Angélica? Llegas muy tarde —preguntó Catalina, arqueando una ceja. Angélica
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