Su mente daba vueltas. ¿Y si él estaba allí para terminar lo que su padre había empezado? ¿Y si todo esto era una cruel trampa?La expresión de Mason se suavizó, aunque aún había un borde de cautela en su mirada. —Relájate —dijo, con voz más tranquila ahora—. No estoy aquí para hacerte daño. Te salvé. Me enteré del plan de tu padre… de matarte. Los seguí y te saqué de allí.Sus labios se separaron por la conmoción, con las palabras atascadas en su garganta. ¿Él… la había salvado?—Yo… no sabía que eras tan buen luchador —murmuró ella torpemente, mirando hacia su regazo, avergonzada por su suposición anterior.Mason se encogió de hombros ligeramente. —En mi manada, nos entrenan desde que podemos caminar. Puede que seamos una manada pequeña, pero sabemos defendernos. Las otras manadas saben eso de nosotros.Ella parpadeó mirándolo, confundida. —¿Esta es… tu manada? —Se empujó fuera de la cama, pero se tambaleó, con el dolor subiendo por su pierna. Un gemido escapó de sus labios.E
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