—No tenías por qué regalarme nada —dijo en voz baja, aunque un destello de curiosidad se reflejó en su rostro—. Ya me das suficiente.Susan se encogió de hombros levemente y volvió a sentarse en su sillón. —Quería hacerlo. Solo ábrelo.Leo tiró de la cinta, desenvolviendo el papel con sorprendente cuidado, como si quisiera saborear el momento. Al levantar la tapa de la caja, su expresión se congeló por un instante antes de suavizarse.Dentro había un elegante reloj de pulsera, plateado con correa de cuero negro. El diseño minimalista era elegante pero no ostentoso, justo su estilo. Junto a él, en un pequeño compartimento, había unos gemelos grabados con sus iniciales: L.S.Por un momento, Leo guardó silencio, con la mirada fija en el regalo. Susan comenzó a inquietarse, de repente insegura de sí misma. —No estaba segura de si te gustaría —dijo rápidamente, con la voz teñida de nerviosismo. —Solo pensaba… bueno, siempre llevas gemelos cuando vas vestida de forma tan formal, ¿sabes?, y
Leer más