Capítulo 1: El regresoLas negras puertas de la mansión Voss se abrieron con un crujido, como las fauces de una bestia hambrienta, al paso del lujoso sedán. Monalisa se aferró al borde del asiento, su pequeño y curvilíneo cuerpo temblaba. A sus diecinueve años, era la viva imagen de la inocencia intacta: 1,57 m de estatura, caderas anchas que se ensanchaban dramáticamente desde una cintura estrecha, pechos grandes y voluptuosos que se marcaban bajo su modesto suéter negro, muslos gruesos apretados bajo una falda plisada y un trasero exuberante que hacía que sentarse resultara incómodo después de largos viajes. Su larga y ondulada melena oscura caía en cascada sobre su espalda, enmarcando un rostro en forma de corazón con grandes ojos de gacela y labios carnosos que se mordía nerviosamente.La muerte de su madre había sido brutal. El informe oficial decía "accidente de coche", pero Monalisa había visto las fotos filtradas en internet: metal retorcido, sangre salpicada en el salpicadero
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