—Quiero que muestres.—Estás adolorida, nena. —Su mano se dirigió lentamente a mi coño y me acarició suavemente.—Pero aún te deseo.Como si la palabra hubiera activado algo dentro de él, me levantó de la cama y me echó al hombro.Me reí por reflejo.Entramos al baño y una tina de agua ya nos esperaba.Se quitó toda la ropa, quedando desnudo frente a mí por primera vez. Entró en la bañera, se sentó con la espalda apoyada en la piedra y me hizo un gesto.—¡Ven aquí! —ordenó.Como una marioneta, fui hacia mi bestia. Me aferré a su hombro mientras me lamía el coño.Para cuando me hizo sentarme, me senté sobre su polla, mi vagina estirándose mientras absorbía cada centímetro de su polla dura y gruesa.Puse mi mano en su pecho y él me rodeó con la suya mientras me ayudaba a rebotar sobre su cuerpo. Sus dientes llegaron a mi cuello, raspando y golpeando, pero nunca profundamente.Me estaba follando bien, pero aún controlaba a su lobo. No sabía cómo lo hacía, pero estaba librando una batalla
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