Un fuerte ruido seguía resonando en mi cabeza cada segundo que pasaba. Estaba totalmente incrédula; nada tenía sentido. No podía creer que Rena estuviera muerta.
O peor aún, que yo la hubiera matado.
Mis dedos temblaban al recordar su imagen inmóvil, sin respirar, en el suelo. Estaba temblando visiblemente por todo el dilema.
Sabía que siempre había deseado matar a Rena desde que éramos niñas. Me había frustrado toda mi vida. No solo se quedaba sentada mirando cuando su madre me pegaba; ella ta