A Daniel solo le tomó treinta minutos llegar al apartamento de Nina. Al principio, Nina se negó a venir con nosotros, pero al final terminó cediendo.Daniel nos recibió con una cálida sonrisa cuando bajamos. Ni siquiera pareció sorprenderle que Nina llevara gafas de sol de noche.—Daniel, ella es Nina. —Señalé a mi mejor amiga—. Y Nina, él es Daniel.—Hola, doctor —lo saludó Nina con voz débil.—Hola, mucho gusto. ¿Nos vamos? —Daniel me miró.Asentí.—Sí. Cuanto antes, mejor.Me alegraba haberle pedido a Daniel que viniera porque era tan natural y relajado, nada que ver con Xavier. Trataba a Nina como a una vieja amiga con la que simplemente quería pasar un buen rato.El coche se detuvo frente a una heladería y, sinceramente, estaba empezando a pensar que Daniel tenía una obsesión con los helados.Compró tres botes de helado para llevar, de todo tipo de sabores y con distintos toppings. Según Daniel, era la receta médica más efectiva para tratar la baja serotonina provocada por un cor
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