Una gruesa venda negra se deslizó sobre mis ojos a continuación, sumiéndome en la oscuridad donde cada roce se sentía diez veces más intenso.Si alguien me hubiera dicho que llegaría el día en que yo aceptaría probar algo así por voluntad propia, me habría reído en su cara. Sin embargo, ahí estaba yo, con el corazón latiendo desbocado por la anticipación, ansiando la emoción de lo desconocido.Cuando terminó, me guio suavemente hasta que quedé frente a él. Aunque no podía verlo, sentía su presencia cerniéndose frente a mí, haciendo que mi pulso se agitara.—¿Ahora quién es una putita linda, hmm? —Sus dedos se curvaron bajo mi barbilla, inclinando mi rostro hacia él mientras su otro brazo se acomodaba alrededor de mi cintura, atrayéndome más cerca.—Yo —admití en voz baja.—Bien. —Me soltó, pero el calor de su toque permaneció—. Ahora de rodillas.La orden envió un escalofrío nervioso a través de mí.Me arrodillé lentamente, las frías baldosas mordiendo mis rodillas. Conocía esta parte.
Leer más