Del otro lado de la puerta, el sonido de unas pesadas botas resonó por el pasillo. Lila, acostada de lado sobre la cama, contuvo la respiración. Sabía perfectamente de quién se trataba.—Lila —la voz grave de Taylor sonó amortiguada por la madera de la puerta—. Abre.Ella permaneció inmóvil, con los ojos fijos en la pared. Quizá, si guardaba silencio, él terminaría por marcharse. Pero Taylor no era de los que se rendían fácilmente. Suspiró y golpeó la puerta tres veces.—Sé que estás ahí. Tenemos que hablar.Lila se levantó de un salto, con los ojos chispeando de furia. Caminó hasta la puerta y la abrió de golpe, sin importarle las lágrimas aún frescas sobre su rostro.—¿Hablar? —su voz salió temblorosa, cargada de rabia—. ¿Sobre qué? ¿Sobre lo “irresponsable” que fui? ¿O sobre cómo tu querida Amanda siempre tiene razón?Taylor abrió los ojos durante un instante, sorprendido por su reacción, pero enseguida endureció el semblante.—No pongas palabras en mi boca. Solo dije que podrías h
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