La mansión Ivanov estaba completamente silenciosa aquella noche. Afuera, la nieve caía con intensidad sobre la ciudad. El viento golpeaba los ventanales y las temperaturas habían descendido considerablemente. En su habitación, la calefacción estaba encendida y el pequeño Eliester, estaba durmiendo bien abrigado. Le había dado bastante lata a su padre porque quería que lo siguiera arrullando y no se dormía. Hasta que por fin el sueño lo venció, y Rodrigo acostó a su hijo en su cuna. En el dormitorio principal, Rodrigo dormía profundamente, había tenido un largo día de trabajo, eso y el pequeño Eliester, lo habían. dejado agotado. Había pasado entre reuniones, llamadas, decisiones empresariales difíciles y lidió con más de tres problemas que sus tres enemigos comerciales más recientes, le habían dado. Apenas había conseguido acostarse y cerrar los ojos, cuando Katherina comenzó a moverse inquieta a su lado. — Rodrigo... ¿Estás dormido? El hombre abrió un ojo con mucha di
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