Hace tres añosEl sonido de la risa de Elena resuena por el pasillo de mármol como veneno en mis venas.Me quedo paralizada frente al despacho de Leon, con la mano suspendida sobre el pomo de latón que he girado mil veces antes. Pero esta vez es diferente. Esta vez, sé lo que me voy a encontrar al otro lado.No lo hagas, Aria. Vete.Pero no puedo. Mis pies están clavados en la alfombra persa, la misma que Leon y yo elegimos durante nuestro segundo mes de matrimonio, cuando aún creía en los cuentos de hadas y los finales felices.La voz de Elena atraviesa la gruesa puerta de roble. «Deberías decírselo, Leon. Esta farsa se está volviendo ridícula».Se me corta la respiración.«Es complicado», responde la voz grave de Leon, y puedo imaginarlo pasándose las manos por el pelo oscuro, como hace cuando está frustrado. «Aria no es como las demás mujeres. Es... sensible».Sensible. La palabra me golpea como una bofetada.«Quieres decir que es ingenua». El tono de Elena es agudo, cortante. «Una
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