SarahMi habitación permanecía envuelta en sombras, la oscuridad acogiéndome como un abrazo reconfortante mientras buscaba consuelo en sus confines, con solo una tenue luz brillando desde el exterior. Vine aquí brevemente para liberar las lágrimas que había estado conteniendo.Las palabras de Philip seguían repitiéndose en mi mente: nunca me amó, ni en el pasado, ni ahora. La revelación dolió más profundamente que cualquier herida de arma blanca, a pesar de que una parte de mí ya sabía la verdad.Sin embargo, sentí su propio dolor, lo que solo aumentó mi confusión.¡Me sentí tan tonta!Se sintió como una segunda puñalada, como si la herida inicial se hubiera reabierto y hubieran vertido sal despiadadamente sobre la carne viva y expuesta. No podía respirar, se me oprimió el pecho y la vista se me nubló por el dolor.A pesar de todo, tenía que recomponerme, regresar a mis planes originales ¡y asegurarme de que la señora Cornell sufriera!—Señorita, ¿se encuentra bien? —preguntó Amanda c
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