Sarah El toque de Philip encendió una cascada de sensaciones. Las yemas de sus dedos, recorriendo cada curva de mi cuerpo, me transportaron a un reino donde solo existíamos él y yo.Jadeé, aferrándome a su brazo mientras me derretía contra su sólido cuerpo, disfrutando de la íntima caricia de sus dedos bajando por mi abdomen, deslizándose por debajo de la delicada tela de mi tanga.—Sarah, tienes una manera de volverme loco así. Prospero en lo imposible, mis pensamientos están en una nebulosa. Todo lo que deseo es reclamarte —murmuró Philip, y su aliento cálido me envió escalofríos por la columna vertebral mientras exploraba las profundidades de mi intimidad.Su mirada ardía de deseo, pero había una innegable profundidad en su afecto. En este momento, la confianza fluía libremente entre no
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