La caja se sentía ligera y delicada mientras rompía con cuidado el sello y levantaba la tapa. Al principio no sabía qué era. Entonces sentí que se me ruborizaba la cara al darme cuenta de que el plástico transparente y curvado dentro de la caja era un cinturón de castidad. No supe qué decir, pero mi pene habló por mí. Se puso erecto.Al ver mi reacción, Jackie se mordió el labio y sonrió con picardía. "¿Veo por tu reacción que sabes lo que es?", preguntó.Asentí, aún sin palabras. Sabía lo que era, aunque nunca había visto uno antes y, desde luego, jamás imaginé que lo tendría en mis manos. Más importante aún, ¿cómo lo sabía?Jackie metió la mano en la caja y sacó la jaula, equilibrando el dispositivo entre sus delicadas manos. Sus dedos recorrieron la superficie lisa, la luz reflejándose en las brillantes curvas. "Tu pene entra aquí", susurró seductoramente y lo demostró con el dedo. "Y luego no puede salir hasta que se retire la jaula". Entonces se llevó la ja
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