Entraron al jardín de la villa, Lucca y el pequeño David, descifrando las pistas con agilidad hasta abrir el portón principal. Una ráfaga repentina de viento frío invadió el ambiente, y David, golpeado de lleno, se estremeció al sentir el impacto del clima gélido.Aunque Lucca bromeó diciendo que tanto frío era una exageración, no dudó: se colocó inmediatamente frente a David, actuando como un escudo protector contra el viento. David, emocionado por el gesto, le dio una palmadita cariñosa en el hombro a Lucca y exclamó:—¡Lucca, eres como un gran árbol protegiéndome!Lucca, con su estilo humildemente desdeñoso, pero con un brillo de satisfacción en la mirada, respondió:—Solo soy un brote creciendo fuerte, no me rompas con ese abrazo. —A pesar de sus palabras, la leve sonrisa en sus labios dejaba claro cuánto apreciaba el cariño.—¡Jamás! ¿Cómo podría hacerlo? —dijo David, abrazando a Lucca con aún más fuerza.David, aunque es solo un niño, posee una personalidad dulce y cautivadora.
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