ElodieNo había terminado de cerrar la pesada puerta de entrada cuando la voz de mi madre resonó desde lo alto de la gran escalera. Sus tacones comenzaron a bajar con un ritmo acelerado y seco. Intenté no prestar atención al tono tenso y giré la llave en la cerradura.—Salí con alguien —respondí con serenidad, acomodándome el abrigo de Chris sobre el brazo.—¿Saliste qué? —repitió, llegando al final de los escalones y clavando sus ojos en mí—. Elodie, ¿sabes qué hora es?Miré el reloj de pared del recibidor.—Son apenas las diez, mamá.—Exactamente. ¿Tienes idea de lo peligroso que es que andes rondando por ahí a estas horas?—Tú sueles salir hasta más tarde —le recordé con tono suave.—¡Porque yo tengo un chofer privado que me protege y tú te niegas rotundamente a usar el tuyo!—En realidad, un chofer no haría mucha diferencia para caminar un par de calles...—Ay, Dios mío —suspiró con irritación, bajando la mirada hacia la bolsa de papel que llevaba en la mano—. ¿Qué tienes ahí?—¿Q
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