**Capítulo 41: La trampa de acero**El oscuro cañón de acero de la pesada pistola se clavó sin piedad en la sien sangrante de Marcus.El imponente jefe de seguridad cerró con fuerza sus ojos hinchados. Era un hombre construido de puro hierro y lealtad feroz. Había sangrado en el suelo de nuestro ático para protegernos. Ahora estaba arrodillado en el hormigón helado del puerto marítimo, atado y maltrecho, esperando el disparo fatal.El viento helado del océano azotó el estrecho laberinto de los imponentes contenedores de carga de color óxido. El aire amargo sabía a sal rancia, a pesado combustible diésel y a cobre puro. Los ásperos graznidos de las gaviotas en lo alto sonaban como risas burlonas.Javier estaba a unos metros de distancia. El lugarteniente del cártel, con el rostro lleno de cicatrices, llevaba una chaqueta táctica oscura. Diez de sus mercenarios del sindicato se desplegaron por el terreno de hormigón abierto. Levantaron sus armas automáticas. Diez bocas de cañón negras a
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