«¡SOMOS SUS CHUPAPOLLAS, PROFESOR!» 2Los vi gatear por el suelo como cachorros apaleados, con las lenguas ya fuera, titubeantes al principio pero ganando confianza a medida que la vergüenza cedía ante el hambre. Tyler fue primero a por el agujero de Ethan, que goteaba, lamiendo el desastre cremoso que yo había dejado; su propia polla seguía dura y chorreando entre sus piernas. Ethan gimió, con la cara enterrada en el culo de Ryan, succionando mi carga con sorbidos húmedos y obscenos. Ryan, siempre la puta ansiosa, tenía las nalgas oscuras de Jamal bien abiertas, hundiendo la lengua como si intentara ganar un premio. Jamal gemía sobre el agujero de Tyler, completando la cadena de degradación.Me recosté contra la estantería, con los brazos cruzados sobre mi pecho aún agitado y la polla colgando pesada entre mis muslos, semidura de nuevo, reluciente de saliva y de mi propio semen. La escena era mejor que cualquier fantasía que me hubiera montado mientras corregía sus trabajos mediocres
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