LilyPerder a un hijo te cambia por completo. Mientras otros se hunden en el alcohol, ¿yo? Yo decidí que era hora de pasar página.Ir a la iglesia.Pero, como ocurre con cualquier mecanismo de defensa, terminas obsesionándote con otra cosa, y en mi caso esa obsesión se convirtió en el Padre Evans.Él era diferente. Puro, joven y jodidamente ardiente.Me senté frente a él, en el confesionario.—Perdóname, Padre, porque he pecado —dije en voz baja, sintiendo la humedad que ya brotaba entre mis muslos.—Continúa, hija, dime. ¿Hay algo en concreto que te haya traído hoy aquí? —Su voz tan sexy casi me hace correrme en el acto.Su pregunta me pilló desprevenida. —N... No —tartamudeé. —He pecado tanto que no sé por dónde empezar. —Hice una pausa, mordiéndome el labio antes de seguir—. Un par de meses después de la muerte de Clarice, mi hija, fui a un burdel y fingí ser una puta. Estuve con hombres, Padre, y no solo con uno.Me detuve, dándome cuenta de la soltura con la que las palabras salí
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