Gimió, un sonido bajo y primario, con sus caderas arqueándose para frotar su erección contra la braga de mi bikini. La tela estaba empapada, y no solo por el jacuzzi.'Esa es mi chica sucia. He estado queriendo poner mis manos en este coño desde que entraste por la puerta'. Su boca encontró mi oreja, su lengua trazando el pabellón antes de morder, suave al principio, luego más fuerte, haciéndome soltar un grito.Me mecí contra él, la presión aumentando, pero él me agarró la garganta con su otra mano, firme pero sin asfixiarme, todavía.'Despacio, nena. Solo estamos empezando'. Que me llamara así me envió un escalofrío, crudo y real, como la forma en que hablan los hombres cuando están demasiado perdidos como para que les importe.Me soltó el pelo, ahora con ambas manos en mi culo, apretando la carne a través de la braga. Con un tirón rápido, la apartó a un lado, exponiéndome al agua tibia. Sus dedos se adentraron entre mis muslos, separando mis labios.'Tan jodidamente mojada ya. ¿Tod
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