El tono largo y continuo llenó la habitación.El mundo de Maya se quedó en silencio.Apretó la pequeña mano de Leo con más fuerza, sus dedos presionando su palma como si pudiera obligar a la vida a regresar a él.“No,” susurró. “No, bebé. Vamos. Lucha.”El médico y las enfermeras se movían rápido alrededor de la cama. Una de ellas comenzó las compresiones en el pecho. Otra tomó las palas del desfibrilador.Marcus se quedó congelado detrás de ella. Su mano apretaba su hombro con tanta fuerza que dolía, pero ella no lo sentía.“Leo,” dijo Maya, ahora más fuerte. “Mamá está aquí. No me dejes. Por favor no me dejes.”El cuerpo de Leo se sacudió bajo las manos del médico. El monitor seguía plano.Maya cayó de rodillas junto a la cama. Apoyó su frente contra el brazo de Leo y susurró lo único que le quedaba.“Te amo. Te amo tanto. Quédate conmigo.”El médico gritaba números. Las enfermeras respondían rápido. La habitación era un caos, pero Maya no oía nada de eso. Solo oía ese terrible tono
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