Maya presionó su frente con más fuerza contra la fría puerta de metal. Las palabras del guardia seguían repitiéndose en su cabeza.
El niño dejó de respirar. Están intentando traerlo de vuelta.
Esta vez no gritó. Solo se quedó allí de pie, respirando lento y pesado. Sus manos esposadas colgaban frente a ella como un peso muerto.
Leo.
Su Leo.
El pequeño niño que había firmado “Mamá vuelve” con tanta confianza.
Ahora estaba luchando por aire mientras ella estaba encerrada aquí.
El guardia seguía o