La noche siguiente, Louis llegó temprano para recoger a Elara. Al bajar las escaleras, Elara proyectaba una imagen de elegancia madura, vestida con un elegante y sofisticado vestido de gala. Su maquillaje, discreto pero favorecedor, resaltaba sus brillantes ojos, cautivando a todos los presentes. Su destino, un restaurante privado que habían elegido previamente, estaba un poco lejos en coche, pero contaba con un ambiente que bien merecía la pena el viaje. Era el lugar ideal para una cita romántica en pareja. Louis, en un gesto de romanticismo clásico, le obsequió a Elara un ramo de rosas que había preparado. Al aceptar las flores con una sonrisa algo forzada, Elara comentó: «Señor Fallon, usted es demasiado formal…». Louis respondió con una sonrisa: "Ya que me invita a cenar, lo justo es ofrecerle rosas, señorita Lawrence". Elara se quedó sin palabras. Louis, experto en llenar cualquier silencio incómodo en la conversación, se aseguró de que cenar con él fuera una experiencia ag
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