EricaLa puerta se cerró con un clic detrás de nosotros y algo en ese sonido —pequeño, definitivo— hizo que mis hombros se relajaran por primera vez en todo el día.La habitación era diminuta. Una cama, una ventana, cortinas que en realidad cerraban bien. Tyler tuvo que inclinar ligeramente la cabeza bajo la parte baja del techo cerca del armario, algo que hizo sin pensarlo, como siempre se adaptaba a cualquier espacio en el que estuviera. Metro noventa y tres y nunca hacía que una habitación se sintiera abarrotada. Solo… llena. Presente.Se giró después de cerrar la puerta con llave y me miró.Podía ver el día sobre él. En sus ojos, en la tensión de sus hombros, en la forma en que se sostenía como algo que había estado demasiado tenso durante demasiado tiempo. Me miró de esa forma que hacía a veces cuando intentaba averiguar qué necesitaba antes de preguntar.—Erica —dijo en voz baja y cuidadosa—. ¿Estás bien? No tenemos que…Crucé la habitación y lo interrumpí acercándome y poniendo
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