Capítulo 118: Por eso odio a los niños.Casidy acortó la distancia, sus dedos, terminados en uñas perfectamente pulidas, se cerraron alrededor del cuello de Alan.—Milán fue un desierto sin ti, amor —ronroneó ella, pegando su cuerpo al de él—. Espero que esta vez me acompañes a Francia. No aceptaré un no.Atrapó sus labios en un beso, Alan no se movió, manteniendo la columna recta, pero ella no retrocedió, sus ojos brillaron con un hambre evidente.—Te extrañé tanto que tengo ideas muy poco elegantes para nosotros esta noche —susurró contra su boca—. Me quedaré a dormir.Alan soltó el aire de golpe.Sus manos bajaron con firmeza, anclándose en los glúteos de la mujer. Los dedos se hundieron en la tela fina, apretando con una posesión brusca y un gemido suave escapó de la garganta de Casidy mientras él le devolvía el beso, profundo y técnico. Se conocían desde hacía seis meses; fue un encuentro fortuito en Italia que derivó en noches de hotel y transacciones de placer.Sin etiquetas. S
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