DebbieFinalmente bajé las escaleras, siguiendo a Rex hacia la cocina. El olor a tocino, panqueques y café inundaba el aire, pero la tensión era aún más espesa.River estaba sentado a la mesa, y sus ojos se clavaron en los míos en el instante en que entré a la habitación, llevando puesta una de las camisas de Rex. Pude notar un pequeño rastro de celos en su mirada. Era mínimo, apenas visible, pero alcancé a verlo. Parecía un hombre que había estado esperando algo que no le pertenecía.No dije una sola palabra. Caminé directo hacia River. Me senté en su regazo, montándome sobre él, y escondí la cabeza en el hueco de su cuello. Solo necesitaba sentir su calidez familiar. River no lo dudó; me rodeó con sus brazos, abrazándome como si no me hubiera visto en años. Me apretó con fuerza, y su aliento rozó mi cabello.—¿Cómo te sientes, Debbie? —susurró.—Ya estoy bien —dije, con la voz apagada contra su pecho. Me sentía segura aquí, cobijada por el calor de su mano. Era un tipo de seguridad
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