PDV de VincenzoLas palabras del doctor Bei resonaron una vez más en mi cabeza. «Has hecho bien, Vincenzo».Esas cuatro palabras lo habían cambiado todo. Las repetí en silencio, como si fueran un mantra, como si necesitara convencerme de que eran ciertas.Después de colgar el teléfono, una extraña calma me invadió.No era la calma de la inocencia, sino la calma de quien ya ha cruzado una línea y descubrió que el otro lado no era tan oscuro como pensaba. ¿Y si había hecho lo correcto? ¿Y si deshacerme de las personas que me habían abandonado era simplemente justicia disfrazada de crimen? ¿Qué pasaría si estaba tomando venganza de la única forma en que debía tomarse: sin testigos, sin remordimiento, sin vuelta atrás? El miedo que me había acompañado toda la vida comenzó a desvanecerse lentamente, como humo que se disuelve en el aire nocturno.La culpa, ese peso que esperaba aplastarme, se transformó en algo completamente distinto: un propósito frío y claro.Me había protegido a mí mismo
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