La mañana en la mansión Mason comenzó con el habitual despliegue de eficiencia. River terminaba de anudarse la corbata de seda frente al espejo del vestidor, mientras Karen lo observaba desde la cama, devorando una manzana.—Tengo reuniones en la City todo el día, Karen —dijo River, girándose para mirarla con esa expresión protectora que ahora era constante en él—. He dado órdenes al equipo de seguridad. No quiero que pongas un pie fuera de esta casa. La prensa sigue apostada en las esquinas y no quiero riesgos con tu presión arterial.Karen puso los ojos en blanco y soltó un suspiro dramático.—¡Ay, por Dios, River! Me hablas como si fuera una fugitiva de la ju
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