Aquella mañana, la oficina de la sucursal de Queen Group en Nueva York lucía diferente. No por el habitual bullicio de empleados enérgicos, sino por la tensión que impregnaba cada rincón. Las acciones de la empresa se habían desplomado, poniendo nerviosos a los inversores y provocando que los medios vertieran noticias como aceite sobre fuego.En la sala principal de reuniones, Elena estaba sentada al extremo de la mesa. Su cabello, que normalmente llevaba recogido en un elegante moño, ahora estaba atado de forma apresurada. Las ojeras marcaban su rostro, que comenzaba a mostrar signos de cansancio. Frente a ella, los equipos de relaciones públicas, legal y comunicación la observaban con evidente preocupación.—¿Cuál es la última actualización? —preguntó Elena, con la voz ronca pero firme.Mira, jefa del equipo legal, suspiró.—Nuestras acciones han vuelto a caer, un 12% desde esta mañana. Algunos inversores empiezan a cuestionar la reputación de Queen Group y están considerando retira
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