El bajo rumor del motor del bote de rescate se hizo más fuerte, cortando la llovizna constante como un intruso no deseado. Jax permaneció enterrado profundamente dentro de Mia, su gruesa polla aún palpitando con los últimos pulsos de su liberación, las paredes de ella revoloteando alrededor de él por las réplicas de su orgasmo. Sus cuerpos estaban resbaladizos de sudor, presionados juntos en el suelo de la sala, sus gruesos muslos envueltos alrededor de la cintura de él, su pesado cuerpo sujetándola de la forma más deliciosa.El pecho de Mia subía y bajaba agitado, sus pechos llenos rozando contra el de él mientras intentaba recuperar el aliento. —Jax… vienen —susurró ella, mitad riendo, mitad en pánico—. Tenemos que movernos.Él no salió de ella. En cambio, dio una lenta y perezosa vuelta de caderas, presionando profundo, haciéndola jadear cuando su polla rozó ese punto sensible otra vez. Una sonrisa malvada se extendió por su rostro, sus ojos avellana oscuros por un hambre renovad
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