El sol ya comenzaba a despedirse detrás de los árboles del jardín cuando el sonido del timbre resonó por toda la casa. Ethan, aún riendo de la tarde caótica, gritó desde la terraza:—¡Helen! ¡Creo que llegaron los refuerzos!Helen apareció en la puerta con el delantal arrugado y el rostro todavía sonrojado por las situaciones del día. Cuando abrió, allí estaban Zoe y Liam, los padres de Mel, y justo detrás de ellos, Tânia y James, los padres de Tiago. El abrazo fue colectivo, ruidoso, lleno de cariño y risas.—¡La fiesta de ayer estuvo preciosa! —dijo Zoe, animada, quitándose las gafas de sol mientras entraba—. ¡No puedo creer que April ya tenga
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