El eco de sus pasos sobre las húmedas escaleras de piedra retumbaba como un conteo regresivo. Alexander guiaba a Lucía de la mano, sintiendo la frialdad de los dedos de ella, pero también el pulso firme de quien busca la verdad a cualquier precio. Alexa cerró la pesada puerta de hierro tras ellos, dejándolos en la penumbra iluminada apenas por la bombilla oscilante de la bodega. Cuando Emiliano levantó la cabeza, bañado en su propio sudor y sangre, sus ojos hinchados se fijaron en la figura que caminaba al lado de Alexander. El aire se le atoró en la garganta. El color, o lo poco que le quedaba en el rostro, desapareció por completo. -N-no... —balbuceó Emiliano, el pánico ahogando su voz mientras las cadenas crujían—. Tú... tú estabas muerta. —Sigo viva, Emiliano —dijo Lucía. Su voz resonó limpia, un contraste absoluto con la inmundicia del lugar—. Y estoy aquí para escucharte. Elías se hizo a un lado con una inclinación
Leer más