Habiendo dicho lo más importante, Adeline lo ignoró y se alejó. Damian, por su parte, sabía cuándo retroceder y la siguió en silencio, sin molestarla más.Al llegar a la puerta de su comedor privado, la puerta del reservado contiguo se abrió y Leona salió. Al ver a Adeline, no tardó en regañarla: —Adeline, ¿por qué intimidaste a Sienna?Adeline abrió la puerta de su propio comedor, entró y la cerró de un golpe en la cara de Leona. La hermana de Damian estaba tan furiosa que apretó los dientes, se volvió hacia él y exclamó: —La llamó retrasada mental. Sienna está ahí dentro llorando.Damian frunció el ceño ligeramente. Leona, sabiendo que él sentía debilidad por ella, insistió: —Date prisa y ve a consolarla. Con eso, lo arrastró de vuelta al comedor privado donde estaba el resto del grupo.Después del almuerzo, Adeline, Julian, Jessica y Carl se despedían en la entrada del restaurante cuando Damian, Sienna y los demás aparecieron. Adeline no los notó al principio, pero al cruzar mirada
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