—Empieza tú. —Samir había dicho.Y Ella descubrió, al intentar hacerlo, que no sabía por dónde.No porque no tuviera cosas que decir sino porque el orden en que las diría importaba de formas que no había tenido que considerar durante meses de conversaciones que tenían su propio sentido de urgencia. Las conversaciones de crisis tenían una estructura natural: la crisis, las opciones, la decisión. Esta conversación no tenía nada urgente en el centro de ella, y esa ausencia era, en sí misma, un tipo de desorientación.
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