Lo que más me asustó fue el estado de Baxter. Estaba sangrando, y no solo por rasguños o pequeñas heridas. La sangre le brotaba a borbotones.—No, Baxter —susurré.Me miró fijamente, sorprendido de que hubiera llegado. Luego, con una mirada de disculpa, inclinó la cabeza y así, en cuestión de segundos, el monstruo despegó.—¡No! —grité, corriendo tan rápido como pude, pero ya estaba demasiado atrás.El monstruo batió sus enormes alas, llevándose a mi esposo, mi apoyo, todo de mí como si nada.Corrí con todas mis fuerzas y, en mi pánico, dejé que mi lobo tomara el control. En plena transición, pasé a empujones entre árboles y ramas, gruñendo cuando me arañaban, pero no dejé de correr.El monstruo aulló a lo lejos. Me recordó el día en que me arrebataron a mi hija. Otra pérdida como esa me destrozaría, así que tenía que detener al monstruoDurante los primeros minutos, se mantuvo justo encima de mí. Logré igualar su velocidad, pero luego las nubes comenzaron a acumularse.Por momentos,
Leer más