—Buenas noches, señora Ravelli. Soy Fabiola, me quedaré con usted. —¿Cuándo veremos a Xandro? —preguntó Dakota. —Lo verá en el penthouse. No podemos llevarla a la casa de campo, es demasiado peligroso —respondió Fabiola. Helena la tomó del brazo suavemente. —Dakota, piensa bien lo que harás.
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