CAPÍTULO VEINTICINCOPOV de DamonAvancé a través del polvo y el concreto roto con Selene en mis brazos. Su cuerpo estaba inerte contra mi pecho, su cabello gris por la ceniza, su rostro manchado con sangre y tierra. No sentí su peso. Solo sentí el pánico martillando a través de mí."¡Despejen un camino!", ladré.Los guerreros se movieron instantáneamente. Alguien levantó una sábana rasgada para proteger su rostro del polvo cayente. Otro empujó escombros a un lado para que pudiera pasar."Damon—", comenzó Ronan."La tengo", interrumpí. "La tengo".La saqué del almacén colapsado y al aire libre. El aire nocturno nos golpeó, penetrante y frío. Las sirenas aullaban en la distancia.Selene estaba viva.Eso era todo lo que importaba."¡Camilla!", gritó un sanador.Se apresuraron hacia adelante, desplegándola justo frente a mí.La bajé cuidadosamente, acomodándola en la camilla. Su pecho subía y bajaba, superficial pero constante. Un médico se arrodilló junto a ella, sus manos ya brillando
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