A Catalina ya le habían dado el alta, así que se dirigieron a la casa de los padres de Edgar, a petición de Sofía. Sofía había dicho que quería saber cómo se encontraba su nuera, si ya estaba bien, y aprovechar para entregarle a Edgar el regalo que le había dado el abuelo Arthur.«Vamos primero a casa de papá; mamá dice que quiere asegurarse de que estás bien. ¿Te parece bien?», preguntó Edgar mientras le acariciaba la cabeza a Catalina.«No pasa nada, yo también echo de menos a mamá. Seguro que la he tenido preocupada», dijo Catalina con expresión triste.«Ya no estés triste, lo importante ahora es que estás sana. No te preocupes demasiado, eso podría hacer que volvieras a enfermarte», respondió Edgar, a lo que Catalina asintió con la cabeza.«¿Quieres que te lleve en brazos?», dijo Edgar sonriendo pícaramente a Catalina.«No bromees, me da miedo que no tengas fuerzas y me caiga. Además, mis piernas están bien», dijo Catalina.«¿Me estás subestimando? Aunque hayas engordado por los g
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