Amelia sintió que Maximiliano se contraía contra su abdomen y de mala gana se apartó de sus labios. No quería que él se hinchara frente a todas las mujeres en el salón. Esa cosa en sus pantalones era de ella y solo de ella.—Creo que deberíamos, eh, irnos ahora —ella susurró sin aliento.—Si, vamos —Maximiliano estuvo de acuerdo y sostuvo la mano de Owen con una mano y la de Amelia con la otra mientras salían por el backstage.—Papá, eso fue genial. Pero, ¿por qué reemplazaste las flores con chocolates? —Owen dijo mientras se acercaban al auto, mirando el ramo de chocolates en la mano de Amelia.—Tu madre me pidió que le trajera mucho chocolate. Por eso —respondió Maximiliano y abrió el Maybach para que entrara su familia.—Genial, ¿puedo tener un poco? —preguntó Owen, emocionado.Amelia se rió entre dientes y le dio un poco, pero no sin antes advertirle. —Cómelos mañana. Ya es demasiado tarde para el chocolate.—Mamá tengo diez, no cinco. Puedo escuchar dulces por la noche y seguir d
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