Capítulo 129:La Gratitud de ConnorPunto de vista de ConnorEl monumento se encontraba en el jardín oriental, donde la Madre Rea había cultivado sus hierbas curativas durante tres décadas. Diego y Tanya habían encargado una sencilla lápida de piedra: nada elaborado, solo su nombre, años de servicio y una luna creciente tallada en el granito para honrar su último acto protegiendo a Aria.La había visitado todas las mañanas durante dos semanas. Siempre al amanecer, antes de que el recinto despertara por completo. Me pareció apropiado hablar con ella en las horas de silencio, cuando podía ser sincera sin pretensiones.Hoy traje laurel de montaña, su flor favorita, según la Anciana Sylvia. Las coloqué cuidadosamente en la base de la piedra, junto a las ofrendas que otros habían dejado: velas bendecidas, ramitas de hierbas medicinales, pequeños recuerdos de los miembros de la manada cuyas vidas había salvado durante treinta y tres años.Me arrodillé ante la lápida, con las manos juntas, y
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